UNA ESCUELA, UNA VIDA
Podría
pasarme criticando una y otra vez a mi escuela, si esa que cada año saca de sus
aulas a egresados de periodismo y relaciones públicas, la misma que de vez en
cuando encuentra a uno que otro exalumno en medios o empresas y entonces
levanta la cabeza, como aquel padre que se siente orgulloso de su hijo que por
fin obtuvo una buena calificación en el colegio.
CIENCIAS
DE LA COMUNICACIÓN, ESCUELA PROFESIONAL DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL DE SAN
AGUSTÍN, hay quienes ni siquiera la conocen, o peor aún creen que ahí forman a
los futuros conductores de programas de televisión, pero no, esta escuela marca
una diferencia abismal de las otras, porque no somos ni médicos, ni ingenieros,
ni arquitectos, ni filósofos, ni nada que parezca conocido. Somos
comunicadores, si lo escribí bien, comunicadores señores, los encargados de que
usted buenamente se levante en las mañanas y entonces reciba un buenos días de
nosotros y con ello usted sabrá lo que pasa en el país, también somos los que
estamos detrás de una organización diciendo buen día, nuestro público objetivo
es…
Las mismas
paredes de siempre, el compañero que a diario te manda un buen saludo a la
distancia, el amigo con el que formas tu equipo de trabajo creyendo que esta
vez será diferente, porque ahora si harán un buen trabajo, pero la lógica indica
que te equivocaste una vez más. Si también nos equivocamos, también tenemos discusiones,
muchas veces alturadas, es cierto, pocas veces fuera de control, también. Después
de todo somos seres humanos y si algo hemos ganado es ese poco honorable
derecho a equivocarnos, pero desde ahí aprendemos, de los errores, sean
nuestros o no.
Un par
de años más y para mi esta escuela no será más que un recuerdo, de esos que son
bonitos. Dije que no haría una crítica, pero en este punto es necesaria, lo
cierto es que la escuela ciencias de la comunicación está en formación, y por
lo tanto a veces se equivoca, pero con una mirada al futuro es posible mejorar.
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